jueves, 13 de mayo de 2010

¿Qué soy yo para él?

¿Qué soy yo para él? Nada, una sombra de barro. Mi paso es tan rápido que no deja ninguna huella. Soy un pobre mortal, no cuento ni en el espacio ni en el tiempo. Dios no se ocupa de nosotros. Si existe, es como si no existiese.

Razonamiento que antaño resumí es esta fórmula: "Soy ateo, gracias a Dios". Fórmula que sólo en apariencia es contradictoria.

"Mi último suspiro"
Luis Buñuel

martes, 27 de abril de 2010

Dilucidaciones pop II


Volvemos con “Dilucidaciones pop”, una de sus series favoritas, con el siguiente comentario:

Yo no creo en el pop intimista

Yo no creo en el pop intimista, me parece en la mayoría de los casos una parrafada que más viene a decir “soy muy sensible y por eso hago melodías cursis que le gusten a todo el mundo”, ¡a la mierda!. Los dos lectores que se pasen por este blog pensarán que soy un resentido, y seguramente sea así, porque me es imposible no hablar de Russian Red –la nueva diva del indie/flok/pop español- sin despotricar de ella, por dos razones: no termina de convencerme su onda musical y me tiene hasta los huevos que por todos lados la pongan y hablen de ella.

Sobre el punto uno, es muy fácil, copio y pego -la técnica estilística de nuestra época- lo que se dijo en el rockandblog, es decir: “Que me pareces la típica escolar repipi que escupe la lección como un lorito amaestrado: un mimético mono de repetición. Que tus letras, escritas además en wachi wachi, son infantiles. Que esas repelentes caritas que pones al cantar me generan unas ganas de potar que ni Leonor Watling”.

Sobre el segundo, cualquiera que vaya a bares o sitios de música sabrá de lo que hablo, la he escuchado en tiendas de ropa, en un Kebap, en mi tienda de discos favorita “La Metralleta” e incluso -y creánlo o no- en las oficinas de Hacienda. Hasta la ignominia. El puto colmo.

Más de uno debe de estar pensando que soy un mierda y una persona con mal gusto, tal vez, pero es mejor ser eso que ir de guay engullendo todo lo que se pone de moda. Recuerden amigos, todos somos intangibles y Lourdes Hernández también. Pero mejor, pruébalo tú mismo aquí.

domingo, 11 de abril de 2010

Sintonía de una ciudad

Vicente ya no juega acompañado, su carrito de pilas ya no funciona desde el accidente y le da igual, no lo quiere usar, dice que sin su hermano ya no es divertido conducirlo en el parque y perseguir a los otros niños. Ahora ya no le dejan salir a la calle, su mamá dice que es muy peligroso, que juegue en el patio o que vea la tele, es lo único que puede hacer desde que Jaime se fue. Ni siquiera le dejan asomarse a la ventana y ver a la calle, a ver cómo es la vida alrededor suyo. Aunque el tampoco tiene ánimo de hacerlo, porque ya no quiere escuchar la sintonía inconfundible de esta ciudad, que es fácil, pero siempre fatídica: bullicio de personas, unos cuantos disparos, un coche que sale quemando llanta y enseguida el llanto de un grupo de mujeres y gritos despavoridos de la gente alrededor. Acaban de matar a un joven, un alma menos en Ciudad Juárez. Así se fue su hermano.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Las aventuras del gato roquero V


Vamos a ponernos serios y a hablar en tono cultureta guay. No están para saberlo, ni yo para contarlo, pero durante mucho tiempo la palabra “vacaciones” significó para mí lo mismo que la palabra “amabilidad” para un conductor de autobús: nada. Después de un sinfín de peripecias laborales y vitales, he podido estabilizarme y tomarme las vacaciones que merezco; ays, que bonito eso, si hasta he repetido viajes y todo (si se portan bien igual y un día publico mis anotaciones, no sé para qué, si a nadie le interesa, pero me da igual, yo lo doy todo, escribo como si me leyera medio España). En fin, que en esta ocasión rescato algo sobre el rollo ese de viajar aderezado con una cita del todopoderoso Adorno, guía, gurú, genio y figura, el ying y el yang del pensamiento. Aquí vamos.


En los periodos de vacaciones, caracterizados por el letargo que produce en algunos la ruptura de la rutina cotidiana, los viajes que emprenden los más afortunados y el consumo clasemediero exacerbado, tal vez sea conveniente pensar un poco en lo que implica el hecho de visitar aquellos sitios en los que no vivimos nuestra vida diaria. Como un ejemplo muy peculiar y a raíz del forzado exilio que sufrió, Adorno nos relata sus experiencias en los Estados Unidos, todo un ejercicio de síntesis y reflexión para los que son nómadas, viajeros o inmigrantes en el mundo actual. Cito lo que a mi parecer es lo más relevante:


“La gente se inclina a contemplar el concepto de adaptación, del “adjustment”, meramente como algo negativo, como extinción de la espontaneidad, de la autonomía de la persona individual. Pero es una ilusión, criticada con fuerza por Goethe y Hegel, que el proceso de humanización y de cultura se desarrolle necesariamente y siempre desde adentro hacia fuera… No nos hacemos libres a medida que nos realizamos a nosotros mismos como individuos, sino en la medida que salimos de nosotros mismos, vamos al encuentro de los demás y, en cierto sentido, nos entregamos a ellos. Solo de este modo nos definimos como individuos, no en cuanto nos regamos a nosotros mismos como a una plantita con el fin de hacernos personalidades omnilateralmente cultas.”

“Fue necesario que llegase yo a los Estados Unidos para poder experimentar de veras el peso de lo que significa la cultura… ahí, es decir, viajando a otro país que me resultaba tan nuevo como extraño, me libere de la credulidad cultural, adquirí la capacidad de ver la cultura desde fuera.”



Te quiero Adorno.

Las aventuras del gato roquero IV

Ya se sabe que lo que nos gusta por aquí son los temas de candente y rabiosa actualidad, pero además nos gusta hablar de aquellas cosas que dejamos de lado, pero que por el hecho de no pensar en ellas signifiquen que van a dejar de ser o de estar, el caso es que en esta serie de rescate fotologueril me gustaría hablar sobre los pies, esas extremidades de infinitas referencias sensoriales.


Alguna vez leí por ahí que la preferencia erótica por los pies -o los “pieses” como dirán algunos- en las mujeres, en concreto, es un resabio de la sexualidad infantil, algo así como reemplazar el pene que no se posee, yo no lo miro así, de hecho creo que es una estupidez digna de la más vil deformación del pensamiento de Freud, pero bueno ¿qué se esperán con la bazofia intelectual que nos inunda?. Yo lo veo más bien desde el lado del disfrute pasional que implica estar con alguien, sí, sí, ese rollo de estar desnudos en la cama toqueteándo al otro. Los pieses centralizan un montón de terminales nerviosas que están conectados con los órganos vitales, dando por hecho el tema de la higiene personal, a muchos les gusta el tema de los masajitos de pies, los apretones, el untar cremitas y demás, incluso algunos lo viven como una experiencia extracorporal. Recuerde que también se pueden dar mordisquitos, lametones, o jugueteos con las partes del otro. Viva el porno pieseril sí señor. Yo, que tengo unos pies horribles, deformes y grandes, mejor me voy a comer unos nachos. Los quiero.

lunes, 29 de marzo de 2010

Dilucidaciones pop: Odio a Marlango


Creo que odio a Marlango, si bien no me gusta su música –la cual considero que es una puta mierda para pijos y culturetas que van de progres (o no)- su estilo musical, su estética y sus maneras me desbordan. Así que dejaré en claro unas cuantas cosillas:


1) Marlango es una extensión del ego de la “Leonor Guatling” esa, de todos es sabido el exhorbitado ego –disfrazado de talento- de la artistada española: quieren cantar, ser guays, ser solidarios, parecer americanos, bailar, enseñar pechuga/teta/culo, hacer pelis sobre la posguerra y la guerra civil, salvar a los ornitorringos de Tanzania y blablabla, así que era lógico que, dado su nivel de maduración histriónica, la muchacha se pusiera a cantar.


2) Me cae mal que la tonta esta vaya con su rollito languido por ahí, como si la melancolía fuera su exfoliante; si te incomoda la fama o eres muy sensible, vete a tu puta casa joder.


3) Sobre el disco: ¿realmente vale la pena?, lo de esta gente no es nada nuevo ni innovador, es lo típico de citar que te gusta Tom Waits -en pleno acto de profanación claro- y moderneces ardillescas como Debendra, Cocorise y esas mierdas que escucha la juventud de hoy.


4) ¿Es normal que en las fotos de promoción del disco salga Leonor siempre benificiada? Pues sí y es fácil, con esos dos fistros que tiene de compañeros, tan feamente guays, tan bohemios, pues siempre relucirá ella, siempre ella.


5) Creo que la prensa española, cuando salen estos grupejos, entra descaradamente al juego del peloteo: que si son guays, que si la cantante es super guapa y sensible, que si son lo mejor y más moderno, que si es como la cantante de tal banda, etcétera, etcétera. Para muestra un botón: “…Watling ha jugado a ser la Natalie Merchant de 10.000 Maniacs en Thank someone tonight y -mucho más sorprendente aún- opta al título de Stevie Nicks morena con Too many ways, que parece una lectura actualizada de aquel Gold dust woman que firmaran Fleetwood Mac.” (Fernando Neira, en www.elpais.com sobre el concierto de Marlango en el Circo Price de Madrid, el 26/03/2010).


Creo que soy un amargado.

viernes, 26 de marzo de 2010

Las aventuras del gato roquero III

Las aventuras del gato roquero III

Más de una vez me han acusado de cultureta, de aspirar a ver, leer o escuchar cosas que no son comunes o que no se ven en los escaparates de las tiendas. Me la pela, porque no es así, al igual que mucha gente que aprecio yo no soy un pretencioso que intenta tapar sus traumas con la “cultura”, no conozco muchos grupos de culto y sobre todo no me he sumergido en los libros que la media de la juventud española -con algún interés artístico y cultural definido- ha leído, lo mio es un tema de compensación, siempre tapando carencias y deficiencias socioculturales.


Por esto y mucho creo que me gusta Raymond Carver y en concreto “Catedral”, me gusta ver sus relatos ese desparpajo y minimalismo, ese realismo sucio de personajes llenos de manías, paranoias y desilusiones, de gente común que sobrevive a sus catástrofes silenciosas y triviales; encima con esa forma de relatar como si ocurriesen justo al lado, como si estuvieras mirando a los vecinos desde tu ventana. Raymond eres el mejor.

jueves, 18 de marzo de 2010

Lajitas Resort


Para J. C. T., por todo.

- Dile a tu papá que le apure mija – le dijo don Raymundo a su nieta de 6 años, la cual entró a la casa, corrió hasta el baño y sarandeó a su padre por la pierna derecha para decirle que su abuelo le llamaba, se acicaló su sombrero, echó su petate a la espalda, le dio un beso en la mejilla a la pequeña y dijo:

- ¡ámonos don Raymundo!, ¡ya tengo la troka lista desde ayer! -

- ¡Ándale cabrón!, el manager me dijo que eran de los mejores hoteles del mundo y que querían que sus empleados llegaran siempre puntuales -. Al momento de decir esto, la camioneta arrancó y trepidantemente entró en la vieja carretera.

- Pero si Lajitas está aquí al tiro nomás, ire agarramos la carretera a Ojinaga y luego luego llegamos –, dijo Pancho mientras daba un leve sorbo a un termo lleno de café. – Orita llegamos, total si vamos a jalar pa´ un pinche güero, que se espere el cabrón -, le dio el termo a Don Raymundo, quien con cara de indignación y cansancio empezó a beber. En realidad ambos estaban cansados, manejar a las 5 de la mañana desde su casa, el ejido “Alamitos” hasta la carretera de Santa Rosalía, cruzar la frontera y de ahí a Lajitas, les llevaría un total de dos horas.

- Pos gueros, gueros pero pagan de lujo, 9 dólar a los limpiadores y 11 a los de la cocina, 10 la hora extra, ¡te imaginas Pancho!, te vas a hacer de oro cabrón, a ver si así mandas a la escuincla a la escuela -

- No se meta en eso Don Raymundo, ya sabe que mi hijita me importa muchísimo; pero es que su hija es muy calzonuda y no me deja que haga mis bisnes, acá, serios, de los de lana de verdad, con al gente esa de los Covarrubias -. Dijo Pancho mirando fijamente la carretera, la cual entre baches, tierra y piedras dejaba entrever lo inconmensurable de la noche.

- ¡Esos hijos de la chingada! ¿Qué no te acuerdas de cuando fueron a buscar a Pedro por la lana que les debía? ¿Viste como lo dejaron? ¡Le partieron toda su madre!. Le clavó la mirada y súbitamente se inclino hacía él. – Ni se te ocurra cabrón, ni se te ocurra, yo ya no estoy pa´ enterrar a más familia, toy pa´ que me entierren a mí -. Se inclinó hacia atrás y se recostó mirando por la ventana, aunque fuera no había más que oscuridad. Pancho seguía conduciendo con ambas manos sobre el volante de la vieja camioneta. Guardaron silencio, de ese que parece que es necesario para apagar fuegos familiares.

- Oiga suegro, ¿es verdad que en el hotel ese de Lajitas sólo trabaja pura raza mexicana? – dijo un poco timorato Pancho después de unos minutos.

- Pos eso fue lo que me dijo el wicho, el que conoce al manager, dice que todos los trabajadores vienen de lado de México; de Rancho Blanco, de Benavides. Dicen que hay un parque natural muy grande por ahí y que no hay gente disponible, entonces pasa lo de siempre, los gringos tienen trabajos que no quieren hacer, ni siquiera los pinches negros huevones, y pos nosotros los mexicanos tenemos necesidades, tenemos familia, ya sabes que es así desde que yo era chamaco -. Su tono lastimoso refleja el cansancio de alguien que ha trabajado desde los 12 años, pero a su vez era la más pura definición de la filosofía de vida que se tiene en esa tercera nación que es la frontera entre los Estados Unidos y México. Hizo una pausa de unos cuantos segundos y dijo - nomás que ya sabes que esa gente es muy brava, se siguen pasando por el río a pesar de que los pinches gueros cambiaron la ley de paso por lo de los avionazos, lo de las torres que pasaron el otro día en la tele -.

- Pos igual y es lo mejor oiga – dijo Pancho sin darle oportunidad de continuar a su suegro. – Tá bien pinche mal que por culpa de unos árabes locos nosotros también paguemos las consecuencias; ora resulta que después de toda la chingada vida pasando a pie por el río nomás se va a poder por el puente de Ojinaga, pa´ mi que nomás nosotros somos los únicos pendejos que vamos en camioneta hasta el hotel ese -. Esto último ya lo dijo con un tono más molesto, como si quisiera echárselo en cara a su suegro.

- Yo ya se que nadie lo hace, la gente se sigue cruzando por el río y tarda media hora, nomás que ahora si te agarran los gringos, te llaman delincuente -. Dijo Don Raymundo, mirando hacia fuera, hacia la enorme noche.

Las aventuras del gato roquero II: Nada.

Algunos libros suelen calar hondo según el momento en que se lean, yo, que soy un lector tardío me ha costado encontrar la clave a libros como “El guardían entre el centeno” –por mencionar un ejemplo-, porque lo leí con 25 años, y ya con unas cuantas lecciones aprendidas sobre lo que es el desquebrajamiento de las ilusiones juveniles. Esto viene a cuento porque hace unos años me desempeñaba como socorrista en el enésimo trabajo de mierda que he tenido, en fin, que lo único que rescato fue el tiempo “libre” que me dejaba para leer. En esa época de pobredumbre e insatisfacción cayó en mis manos un ejemplar de “Nada” el libro de Carmen Laforet y sobre el mismo me gustaría decir algo, ya se que se las trae floja y que nadie lee estos post, pero bueno, “a la gloria por la obstinación” es mi lema vital.
Yo creo que "Nada" es un relato existencialista light, porque a veces es cursi pero siempre muestra el desasosiego e insatisfacción de su protagonsita, la joven Andrea, cuya narración en primera persona nos lleva a mirar el mundo desde su perspectiva. En la posguerra española se instala con unos familiares en Barcelona para iniciar sus estudios universitarios, conoce a una muchacha adinerada que le mostrará el lado alegre de la vida. Sin embargo, y a pesar de que las situaciones a veces superan su capacidad de tragedia, el medio que la rodea la conducirá al desengaño y al desmoronamiento físico y moral, aunque al final, ays, y aquí viene lo light, encuentre la redención mudándose -y cambiando radicalmente- de ciudad. Obra clave.

lunes, 15 de marzo de 2010

Las aventuras del gato roquero I


Una de las cosas no tan favorables de Internet, es el hecho de que las páginas y las tendencias que tienen mucho auge siempre caen en picado. Súbitamente se llenan de spams o la gente le pierde el interés. Tengo un fotolog que ha caído en desgracia, antes de que lo cierren quisiera ir trasladando a moraliaminima los post que considero de mayor relevancia afectiva e intelectual. Si mis capacidades lo permiten, los post que aparezcan aquí serán una especie de “versión 2.0” de la original, asimismo, utilizaré sin la menor discreción los furtivos comentarios que causaron en su momento; mejor así. Comienzo con esto:

“Las once mil vergas” de Guillaume Apollinaire

A todos nos gusta la pornografía. En menor o mayor grado, cualquiera que tenga una personalidad definida y consciente, sabe disfrutar del placer del onanismo. Pues este libro es precisamente para esto, para saciar placeres onanistas. “Las once mil vergas” es la historia de las aventuras y perversiones sexuales del principe Mony Vibescu, un noble rumano –que no rumano noble- libertino y aventurero, cuyas andanzas en el París de principios del siglo XX nos muestran el sexo como lo que es: un acto irreverente, irracional, desenfrenado, aunque siempre sublime.

Pero no todo es virtud, el libro nos relata también escenas tan perturbadoras como conmovedoras: violaciones, necrofagia, sadismo, pederastia y zoofilia, entre otras lindezas que no aprobamos desde este espacio. Eso sí, lo hace con un altísimo y refinado estilo literario que hacen de éstas cápsulas visuales propias del cine, por ejemplo. Quizá por ello el libro estuvo censurado cuando apareció, pasándo de mano en mano en los salones mundanos y literarios de Francia y forjándose la fama de que era “más fuerte que el Marqués de Sade”, y sí, seguramente así sea.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Robert Brasillach: la vida es una broma de mal gusto



La naturaleza humana es más compleja de lo que parece, si a esto le añadimos el hecho de que porque parece mentira la verdad nunca se sabe (como reza el título de un excelente libro), resulta que podemos encontrar seres socialmente despreciables que pueden brillar por su inteligencia o talento innatos; son esos intelectuales o escritores que aguardan en la cárcel su sentencia de muerte y mientras tanto escriben poemas. Es el caso de Robert Brasillach, quien fue fusilado en febrero de 1945 por orden del general Charles de Gaulle. La acusación, fulminante, cierta y rapaz: colaboracionismo con los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Brasillach, nacido en 1909 fue soldado en la Primera Guerra Mundial, se licenció en filosofía y escribió unos cuantos libros sobre teatro y poesía. En 1936 es designado director del diario nacionalista “Je suis Partout” y proclama sin tapujos su admiración por el fascismo como ideología. Mussolini, los falangistas españoles y la Guardia de Hierro rumana, por ejemplo, tuvieron más espacio en esa publicación que en los periódicos de sus propios países. Brasillach apunta sus dardos contra los siete “poderes internacionales que dominan el mundo”: el comunismo, la socialdemocracia, la Iglesia católica, el protestantismo, la masonería, los trusts económicos y el judaísmo. Sí señor, todo en uno.

Cuando los aliados toman París fue detenido y posteriormente enjuiciado a través de un único interrogatorio, tomando sus artículos como pieza acusatoria. Se sabe que pensadores como Camus, Cocteau y Malraux, escribieron a De Gaulle para que le indultara, la respuesta, propia del revanchismo callejero más burdo, es obvia: un pelotón de fusilamiento le condujo, a través de sus balas, al limbo en el que divagan escritores malditos: Louis Ferdinand Céline y Pierre Drieu la Rochelle principalmente. Mientras esperaba la muerte en la cárcel, Brasillach redacta párrafos como este:

“No pierdas la sonrisa ni siquiera cuando te vayan a ejecutar. La vida es una broma de mal gusto; en vez de centrarte en el «mal gusto», céntrate en la «broma». Si buscas justicia en vez de tranquilidad en este mundo democrático, suicídate. Para vivir hoy hay que saber reírse de la estúpida realidad”.

Desde aquí dejamos en claro que no ensalzamos la figura de Brasillach, fue y será un pensador fascista, si algún izquierdista lee esto, que sepa que la Gestapo también asesino a periodistas “antirojos”. El punto es, hablando en términos de dialéctica, que debemos pensar que cada vez que se instala un nuevo grupo en el poder (llámesele élite política, partido político, bloque histórico, burgueses, proletarios, etcétera) y ejecuta a los que piensan diferente, pues ese invento moderno llamado libertad no funciona del todo.

miércoles, 3 de febrero de 2010

“el mar y tú, el mar y tú…”.


“El mar y tú, su mar, el mar espejo”, “El mar y tú, su mar, el mar espejo”, hacía dos días que había leído esta frase, estaba escrita justo enfrente de la tasa del water, con letras desencajadas, como si lo hubieran escrito a toda prisa y sin pensar. No podía quitármela de la cabeza, bailaba en mi memoria como las caderas de Sandy bajo mi ingle. Ahora, en mi casa, solo, y viendo el canal de porno barato, pienso en ella, y en Sherry la pelirroja, son tan guapas y cobran tan poco; me gusta que beban las copas que les invitó, porque con ellas, entre tragos y cigarrillos, la amargura de la noche ya no existe. Recuerdo la vez que Sandy me beso, no paraba de gritarle, en plena borrachera, “muévete más Sandy”, “eres mía Sandy”, con las consecuentes carcajadas, mientras ella decía que le dijera cosas bonitas y sus labios se atronaban con los míos. Decía algo sobre el mar, “la mar” de su pueblo en Croacia o algo así, a mi me daba igual y seguía riendo, las otras chicas del local bailaban sin inmutarse de que yo, el cliente distinguido de todos los viernes por la noche, el que tiene amores sin nombre, salía del servicio unos minutos después con las lágrimas en la cara y repitiendo sin cesar “el mar y tú, el mar y tú…”.

viernes, 18 de diciembre de 2009


Sábados por la tarde

Voy al cine todos sábados por la tarde, después de comer con mi madre, pero no muy tarde, porque me aturde toda la marabunta de jóvenes que ahí se reúnen alrededor de las ocho y que no me dejan ver las películas como a mi me gusta, en silencio, compartiendo la soledad con la pantalla. El caso es que hace tres semanas pusieron “Ocho y medio” y no pude sino emocionarme con tan excelsa obra, sobre todo porque a veces me gustaría ser Marcello Mastroianni para poder hacer algo con esta soltería tan rampante, a tal grado llegaba mi alegría que me quede en el hall del cine para ver el cartel detenidamente, ya que me interesaban los créditos musicales de la película, entonces la vi, en la misma labor de exploración, no era muy joven, pero tampoco madura como yo, diría que sería una generación menor a mí, aunque su mirada pareciera contener la alegría que todos los adultos pierden con las rutinas de la vida moderna. Salí del cine y ella detrás de mí, bajó la escalinata principal rápidamente y se dirigió a la avenida séptima, en dirección oeste, como yo. Caminó ocho calles y yo detrás de ella, mientras tanto no podía parar de preguntarme si pensaba igual sobre el personaje principal de la película, o si al contrario le parecía sobreactuado. Al llegar a la esquina de la séptima con la veintidós, giró a la derecha y yo seguí camino a mi casa casi en contra de mi propia voluntad. El siguiente sábado, después de la proyección de “Banda aparte”, una atrevida obra francesa sobre la juventud de ahora, le volví a ver, al parecer le gusta situarse en la parte de atrás de la sala y esperar a que terminen los créditos y a que las luces se enciendan de nuevo, porque según me levanté pude ver como salía presurosa de la sala, su situó en la entrada principal, miró su reloj y arrancó presurosamente para hacer el mismo recorrido de la vez anterior, me decidí a seguirla a una distancia de diez metros aproximadamente y de nuevo mi cabeza no dejaba de dar volteretas con las preguntas que le haría y que me inquietaban más que la vez anterior: qué pensaría del cine francés, le habrá gustado la escena del baile; rara pero preciosa, a qué se dedicará entresemana, comerá con su madre, estará casada y por eso camina de prisa, para servirle la cena al marido; en fin, el destino me había jugado malas jugadas antes, pero no esta vez, por eso la seguí hasta el final y me quedé en la esquina de su calle viendo como entraba a una casa de fachada amarilla, al menos ya sabría donde encontrarla. El siguiente sábado fue agridulce, ambivalente, por un lado disfrute como un niño de la intriga, suspenso y maldad de “La noche del cazador” pero por otro significó el principio del fin de mi aventura contemplativa con esa bella mujer, el ritual fue casi el mismo, con la salvedad de que me quedé esperando tres horas en la esquina de su casa porque me carcomía por dentro el ansía de hablar con ella y preguntarle su opinión sobre el cine norteamericano de hoy en día, seguramente me daría una opinión razonable y moderada, y quien sabe, tal vez en medio de la charla aceptará ir a tomar un helado conmigo y así empezar a hablar de cosas más substanciales, es decir, el cine es primordial, pero para hombres como yo, que llegan a la oficina los lunes fingiendo asombro por los resultados de los partidos de fútbol local o que mienten sobre los precios que pagan a las jovencitas por estar con ellos una hora, es necesario un poco de contacto femenino, pero de aquel que es libre, cordial, divertido y sincero. Pero nada de esto ha sucedido, porque ella no ha vuelto al cine y yo sigo yendo religiosamente, y porque seguramente habrá cambiado de domicilio, porque sino no me explicó cómo es posible que yo este en esta esquina todos los sábados de 8 a 12 de la noche y nadie salga de esa casa amarilla.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Buenaventura gaij


Se lo había dicho bien claro, le dije que no lo hiciera, porque en las noches de verano, justico después de la lluvia que cae tan ligera que ni se nota, la marea sube y el mar se pone bien bravo. La cosa es que el gringo no dejaba de gritar “Buenaventura gaij”, “Buenaventura gaij”, mientras corría de un lado a otro de la playa. Yo le veía desde el puesto de la nieve, porque ahora que vienen los gueros es cuando más se venden y eso nos da pa´ darle de comer a las gallinas hasta primavera, pucha, si hasta los perros callejeros del pueblo se ponen contentos cuando les ven, porque siempre se llevan un trocico de los pescados que dejan en el comedor. Como le decía, el gringo no paraba de gritar “Buenaventura gaij”, “Buenaventura gaij”, y le daba duro al bazuco que traía en la boca, si hasta lo levantaba con las dos manos y luego se lo llevaba a la boca como hace el padre Pedro con el vino y la ostia los domingos en la misa. Después se tropezó, seguramente con un tronco, y como el agua ya le llegaba a la cintura, pues no pudo levantarse de nuevo, yo me asusté, pero el gringo se levantó de nuevo y empezó a chapotear como buscando el cigarro que le hacía tan feliz, pero justo cuando pareció encontrarlo se volvió a caer y mientras el mar se lo llevaba yo nomás alcance a escuchar lo de “Buenaventura gaij”, “Buenaventura gaij” mezclado con unas risas que parecían de un loco. Así pasa todos los veranos, por lo menos hay uno al que se lo lleva la marea, a veces me gustaría saber que dicen, porque eso de “Buenaventura gaij” lo dicen todos los gringos que vienen por aquí.

lunes, 26 de octubre de 2009

Café con leche light 0.1%

-¡Jo tía! ¿Te digo que él empezó todo! ¡Yo no soy una marioneta!– dijo Ana a Carolina con un tono vehemente, reafirmativo, de esos que tratan de inyectar confianza en uno mismo. Mientras tanto, el camarero servía dos cafés: un cortado y otro con leche, ambos serán endulzados con un único sobre de sacarina y servidos con leche light 0.1%.

Ana siguió explicándole a Carolina su última conquista, -Claro que sabía que el no era el más guapo del club, pero qué quieres tía, llevo tres meses sola-, echo su espalda hacía atrás y su cintura hacía delante, como si quisiera escurrirse. Su amiga la veía con atención y le dijo -¿Tú sabes quién es él, no?-. Ana se reincorporó, la miro a los ojos y sin exaltarse le dijo que sólo sabía que era el ex novio de María, su compañera de trabajo y amiga –ahora distante- desde los años del instituto.

Ante tal anuncio le dejó en claro que a ella, cuando busca a un hombre en un bar a mitad de la noche, no le importa con quien haya estado sino que cumpla con lo que llamaba “los deberes primarios de cada hombre”, ante la falta de significado de ese concepto, Carolina se sorprendió, arqueó un poco las cejas y pregunto qué era eso; -que sepa follarme bien sin dejarme mallugaduras en la cintura y en el cuello- dijo Ana sin inmutarse, miraba hacía ningún punto de la calle y su amiga hacía las puertas de los servicios.

-¿Y tú crees qué eso es normal? ¿No te estás pasando un poco?- dijo Carolina antes de terminar de un sorbo largo su café.

-¿Qué no es normal? ¿Qué me lleve a un tío a casa?-, Ana no se exaltó al decir esto pero sabía por donde venían las preguntas de Carolina, con un tono más ligero dijo: –Caro, guapa, tú y yo somos chicas independientes, libres, modernas, de nuestro tiempo sabes, es decir, si viviéramos en Nueva York seríamos como Sara Jessica Parker. Sí a mi me gusta un tío, aunque sepa que ya tuvo sus minutos de fama con otra, me da igual, lo hago y punto-.

-¡Tía! ¡Pero es que van ocho desde que lo dejaste con Miguel!-, su amiga ya no sabía como decirle que estaba desfasando un poco. –A veces creo que para ti la vida se ha vuelto una es una marcha a contrarreloj, te agobias porque la semana no termina y una vez que llega el finde todo es quedar, cenas, fiestorros, copas y últimamente hombres-, Carolina pareciera que se había envalentonado, pero al ver las lágrimas de su amiga detuvo su crítica no constructiva y aspiró hondo por la nariz. –No llores Ana, al final a todas las treintañeras nos han vendido el cuento de compaginar la búsqueda del príncipe azul con la vida independiente-. Sin limpiarse las lágrimas, Ana bajo la mirada y como si de una niña regañada se tratase, miró atentamente la taza de su café, sólo había tomado un sorbo y dijo –esto no tiene leche light 0.1%-.

jueves, 22 de octubre de 2009

Reflexión en torno a la obra de arte o de cómo el ser escritor generalmente desemboca en el idiotismo ilustrado.


¿Deben ser los escritores la guía moral de la sociedad? ¿Tienen los artistas una responsabilidad moral por lo reflejado en sus obras, o por cómo se utilicen?. Para mí, mis estimados fotologuers, la cuestión es simple: la creación artística y literaria debe sumergirse en temas escabrosos; debe hurgar la psicología de seres humanos imaginarios o de carne y hueso; debe tratar nuestros delirios, razones, desvarios y motivaciones más hondas; no debe empeñarse en crear mundos o ficciones –edificantes o no- que no inquieten a los consumidores/espectadores/lectores; debe estimular, mitificar o imitar conductas reprobables, porque al final es uno mismo, y sólo uno mismo, quien le da sentido a la cuestión. No obedezcan a las vacas sagradas, son idiotas ilustrados. He dicho.

martes, 6 de octubre de 2009

Colombia ceronueve

Locombia, cocalombia, chibchombia, malformaciones lingüísticas para describir a un país inverosímil, bello y eterno: Colombia. Regreso de mi primer viaje a una gran urbe latinoamericana cargado de buena onda e ilusiones y me invade esa sensación de paz que implica el volver a un sitio donde al menos, la estabilidad está garantizada. He conocido a gente entrañable y he estado en sitios únicos; gente por la que apostaría mi confianza y lugares en los que sólo se puede soñar, es más, incluso me atrevería a decir que me mimeticé con el ambiente. Pero es quizás esto lo que más me preocupa, los colombianos –los que no son narcos o guerrilleros, criminales que se escudan bajo cualquier consigna, o políticos de cualquier color- son gente noble y amable, y en el vía crucis que implica vivir en ciudades aceleradas como Bogotá, es donde radica su cruz y su penitencia. Generalmente, su extrema amabilidad en el habla y en los modales cotidianos, se convierte en amargura cuando se le incita y ofrece al foráneo cosas que no requiere, que ya tiene o que simplemente no desea tener, con el inconveniente de que –generalmente- el rechazo involuntario lacera las buenas intenciones de los locales. Aunque sinceramente, a estas alturas, creo que los colombianos ya estarán acostumbrados al rechazo buenechón y sincero.

Bogotá merece mención aparte; la capital es densa, compleja, es un crisol de contrastes tan gráficos que hacen que el sentido trágico de lo social se diluya en el día a día, por eso los que viven ahí no se dan cuenta del tráfico estrambótico que sufren y se encuentran inmunizados contra la virulencia que es el contabilizar a dos méndigos por calle en la zona centro, de la Plaza Bolívar a la Torre Colpatria y de la quinta a la 29. Me atrevo a afirmar que Bogotá es la representación más exquisita de las urbes latinoamericanas de hoy en día, por eso, cuando estaba esquivando autobuses colectivos de ímpetu asesino y vendedores ambulantes maliciosos, no podía dejar de pensar en mi amada Ciudad de México.

Cabe añadir algo importante: el realismo mágico –si existe, ya que éste se ha magnificado y se vende como producto de exportación por las instituciones colombianas-, esa agradable farsa que se encuentra fuertemente afianzada en la clase media como un producto de consumo cultural masivo más, se deja sentir cuando a las 2 de la madrugada, caminando por la zona fantasma que es la Plaza de San Vitorino, se vislumbra a parejas de habilidosos jugadores de ajedrez, que en mitad de la noche, mientras se enfrascan en sesudas disputas logísticas para vencer a su adversario, retan a la soledad y al miedo impuestos por los narcos y sus bombas, por los delincuentes que ultrajan lo ajeno sin piedad y matan por el placer de hacer algo; por los ebrios y mendigos que en sus delirios seguramente crean que están en el mejor de los países y que el mundo les hizo así; por los policías ausentes que se vuelven cómplices con su indiferencia ante esta situación.

Colombia no es un paraíso, tiene el encanto que cada uno le da a los lugares que visita y en los que –en mi caso- es bien recibido. Colombia, con sus eternos vaivenes, entre crisis económicas; viendo pasar procesos de paz que no llegan ni a buenas intenciones, entre la pugna eterna entre un gobierno lleno de pillos y maleantes que visten traje y corbata y que dicen que se desviven por la nación; conviviendo con fantasmas reales y cuyos nombres son: narcos, guerrilleros, paracos y demás miembros de movimientos pseudo libertarios; llegó tarde, al igual que el resto de Latinoamérica y como dijo Octavio Paz, al banquete de la modernidad. Tal vez por eso y sirviendo de ejemplo para el resto, es que ha excluido sin misericordia a grandes masas de sus hijos, y a su vez, fabrica ilusiones, alegría y gente noble, porque eso, y al igual que en México, es lo que pasa en los países de segunda con gente de primera.

lunes, 16 de marzo de 2009

Earl Hines



“Ronald no podría tocar jamás el piano como Earl Hines, en realidad Horacio y ella deberían tener ese disco y escucharlo de noche en la oscuridad, aprender a amarse con esas frases, esas largas caricias nerviosas, I ain't got nobody en la espalda, en los hombros, los dedos detrás del cuello, entrando las uñas en el pelo y retirándolas poco a poco…”.

Julio Cortázar



Earl Kenneth Hines fue uno de esos pianistas raros y heterodoxos que no fue comprendido del todo en su tiempo. Inició su carrera en el "Louis Armstrong Stompers", en donde empezó a hacer del piano una factoría de ritmos que marcarían el devenir del jazz norteamericano, es por ello que de él se decía que era el eslabón entre el jazz –mal llamado- tradicional y el moderno.




Nunca fue un músico mainstream, de hecho a mediados de los cincuenta se retiro a tocar en un pequeño club de California, no retornando al circuito de los grandes sino hasta mediados de la década de los sesentas. Charlie Parker y Dizzy Gillespie fueron algunos de los compañeros y discípulos de “Fatha”, aquel que tocaba jazz antes de que este término fuera inventado, aquel que amenizaba las tardes de los personajes de la Rayuela de Cortázar.


Escucha Once upon a time

sábado, 21 de febrero de 2009

Marina (VI)


...y dijiste:


- Estoy pedo, he bebido mucho y sólo quiero bailar. Tú lo harás, baila conmigo mi mexicanito de porte serio, porque hace mucho que no sentía la desazón que siento esta noche y que no se cómo pero parece que me consume cada vez más y más, y porque no tengo con quién hacerlo, el imbécil de mi curro no está aquí…baila conmigo, me gusta mucho tu boca, ¡ aaaahhh !, hace tanto tiempo que no me sentía tan feliz -. A lo que yo respondía casi mecánicamente con un simple “okey, okey”. Después de mis aventuras nocturnas, sabía que por las noches las muchachas españolas abren sus fauces y devoran lo primero que encuentran en su camino. El resto ya lo sabes, al minuto de decirte mi último “okey” me besaste y yo lo único que hice fue dejarme llevar, según avanzaban las canciones nos besábamos más y más hasta que me propusiste ir a tu casa. Hicimos el amor dos veces y así durante todos los días de los siguientes tres meses, ya para esas fechas nos escribíamos mensajes tipo “Los enamorados son como los sonámbulos: no ven sólo con los ojos”, ¿Lo recuerdas Marina? ¡Era demasiado bonito!. El tiempo parecía detenerse y con ello mi vida, por que la tuya siguió igual: trabajo, salidas los fines de semana con tus amigos y novio consorte de lunes a jueves. No me quejo, lo volvería a hacer una y otra vez sin pensarlo, pero esa radicalidad mía por joder los formalismos y tu falta de sensibilidad nos llevó a ni siquiera dirigirnos la palabra, a lo que somos ahora.


Me tengo que ir, la jornada empieza ya, no tengo ninguna gana de ir al pinche restaurante, la rutina me esta haciendo añicos el ánimo. Esta carta no es un monólogo, no sé si tiene algo que ver con el amor aunque si con lo cotidiano o lo extraordinario, según se mire. Estaba pensando en decir algo muy profundo tipo: "la soledad es mi mejor amigo" incluso mejor decirlo en francés: "a solitude est mon meilleur ami", por eso que decías que esa lengua siempre suena más seria; incluso lo banal en francés suena maravilloso. Me voy Marina, yo no me he inventado tu nombre para darme uno propio, porque cada uno es el protagonista de su propia novela. Lo tuyo y lo mío, cada uno a su manera tal vez, pudo ser mejor, pero que se le va ha hacer.


sábado, 7 de febrero de 2009

Marina (V)

Creo que me he equivocado, sí que creo saber a dónde quiero ir, quiero volver al pasado, quiero retroceder en el tiempo e ir a la noche en la que nos conocimos ¿la recuerdas?. Te conocí en “El pecado”, no por la transgresión y el defecto -que vendrían después- sino por que era el único bar que permanecía abierto hasta el amanecer todos los martes, cuando empezaban a llegar los taxistas. Recuerdo que ese día estuviste bebiendo margaritas con tus amigos en el restaurante, el cubano no dejo pasar la oportunidad y empezó a charlar con Celia y a decirle lo mismo que a todas: que bonito se vería su figura reposando en las playas de Varadero; que ella podría caminar a mitad de la noche y él la encontraría por el brillo de sus ojos y demás pleonasmos que llegué a memorizar. Mientras, yo iba y venía de la barra a la cocina y apenas pude cruzar palabras contigo y con tus animados colegas que disfrutaban de lo que es ser un joven profesional urbano en una ciudad como Madrid mientras hablaban mal de un tercero que obviamente no estaba entre ustedes. He de reconocer que no me impresionaste.


Fin de jornada y dado que la técnica “playa cubana” había funcionado nos dirigimos derechito a “El pecado”. Yo me sentía cansado pero aun así me decidí a seguirlos, no quería llegar al sitio donde vivo y ver las películas pornográficas de la madrugada como solía hacer antes de conocerte. Tras la repartición de bebidas yo me tumbe en el sofá más próximo y me encerré en mi mutismo de siempre, en realidad era hartazgo nocturno, y veía como los grupos se entremezclaban al compás del afro-beat que sonaba en el bar. A medida que la noche se consumía, tú te sentaste a mi lado y dijiste - ¡Qué carácter! – con esa sonrisa de chica inocente, yo no pude sino contestar – ¿De qué hablas? -. Charlamos sobre menudencias e intercambiamos información vital, sobre todo del tema laboral y del stress que produce cuando lo tienes y de lo aburrido que resulta no tenerlo. Acto seguido me invitaste a bailar porque ya era muy tarde y nadie te lo había pedido, yo acepté más que nada por educación que por otra cosa. Fue a partir de ese momento, en que me pediste que bailara a la mexican way of life, es decir, muy pegaditos el uno del otro, en el que me di cuenta que eras guapa y que estabas muy susceptible en cuanto al cariño masculino, si de entrada me hubieras dicho que el chico aquel primero te dijo que sí y después que no, mi reacción hubiera sido la misma. Cuando yo estaba hablando sobre lo difícil que me resultaba seguir tu ritmo, me tapaste la boca con la mano izquierda y dijiste: