domingo, 8 de abril de 2007

Los de arriba y los de abajo

Me encuentro de "vacaciones", entre una de las tantas lecturas que tenía pendientes, está la
que aqui reproduzco de Zygmunt Bauman. A pasar de los cambios que tenemos a lo largo de
nuestra vida, creo que nunca valoramos lo suficiente el grado de movilidad y libertad que
tenemos, pero por favor, pasen y lean:



La posmoderna, de consumo, es una sociedad estratificada, como todas las que
se conocen. Pero se puede distinguir una sociedad de otra por la escala de
estratificación. La escala que ocupan "los de arriba" y "los de abajo" en la sociedad de
consumo es la del grado de movilidad, de libertad para elegir el lugar que ocupan.


Una diferencia entre “los de arriba" y "los de abajo" es que los primeros pueden
alejarse de los segundos, pero no a la inversa. En las ciudades contemporáneas se
produce un apartheid à rebours: los que tienen medios suficientes abandonan los distritos
sucios y sórdidos a los que están atados, a aquellos que carecen de esos medios. Ya
sucedió en Washington D.C. y está a punto de ocurrir en Chicago, Cleveland y Baltimore.
En Washington, el mercado inmobiliario no aplica la discriminación sin embargo, existe
una frontera invisible a lo largo de la calle 16 en el oeste y el río Potomac en el noroeste,
y aquellos que quedaron del otro lado harán bien en no franquearla. La mayoría de los
adolescentes detrás de la frontera invisible, pero no por ello menos tangible, no conocen
el centro de Washington con su esplendor, su ostentosa elegancia, sus placeres
refinados. Ese centro no existe en sus vidas. No se puede conversar por encima de la
frontera. Sus experiencias vitales son tan radicalmente distintas que no está claro sobre
qué podrían hablar los residentes de uno y otro lado si se conocieran y se detuvieran a
conversar. Como observó Ludwig Wittgenstein, "si los leones pudieran hablar, no los
entenderíamos".


Hay otra diferencia: "los de arriba" tienen la satisfacción de andar por la vida a
voluntad, de elegir sus destinos de acuerdo con los placeres que ofrecen. En cambio, a
"los de abajo" les sucede que los echan una y otra vez del lugar que quisieran ocupar.
(En 1975, la Alta Comisión de la ONU a cargo de los emigrantes por la fuerza -los
refugiados- tenía bajo su cuidado a dos millones de personas. En 1995, la cifra había
trepado a 27 millones.) Si no se mueven, a veces les quitan el piso de bajo los pies, lo
cual es otra forma de estar en movimiento. Si se lanzan a la ruta, en la mayoría de los
casos su destino es elegido por otros; rara vez es agradable, y el placer no es uno de los
criterios de elección. Tal vez ocupen un lugar muy desagradable que abandonarían con
gusto, si no fuera porque no tienen dónde ir y difícilmente los recibirán de buen grado allí
donde decidan instalar campamento.

3 comentarios:

Raquel Márquez dijo...

Ya lo he leído todo, ahora tendrás que escribir más :-)

En cuanto al post anterior, yo estoy en el extemo del amor, or or or!

mario dijo...

En la sociedad del espectáculo somos mucho menos libres de lo que algunos desearíamos pero mucho más de lo que la mayoría se imagina.

Iré leyendo poco a poco las entradas anteriores. Me parecen muy interesante aunque, de momento, solo he leído los titulares.

Francisca dijo...

De los Estados Unidos podemos trasladar esa circunstancia a cualquier país de Europa. La situación es casi igual. Y nos están vendiendo que todo marcha estupendamente que somos ricos pero ¿quiénes?
Mi situación económica -comparada con la de mi madre y mi suegra- ha mejorado pero la cuestión es que cuando a ellas les llegó su turno estaban como la mayoría y sin embargo ahora a mí me toca vivir una situación sino de pobreza severa, sí de muy escasos recursos por lo que he tenido que decir adiós a las vacaciones y a tantas otras cosas y eso después de haber cotizado treinta y siete años... Siento que me han estado timando y bien ¿de qué me sirve saberlo? ¿qué podemos hacer para cambiar esta sociedad insolidaria que permite los mayores abusos? y pasa en silencio las guerras en el Congo para la obtención del coltán. Mi jubilación es algo anecdótico -a mí me llega el pan todos los días a casa- pero lo que está pasando en este mundo y ante nuestro despreocupado silencio, es algo para lo que no encuentro palabras.

No es mi intención criticar tus anotaciones, sólo deseo aportar mis puntos de vista. De todos modos, el tema es complejo para abordarlo en cuatro líneas. Soy consciente. Me ha gustado el tema. Volveré en cuanto disponga de un rato.