martes 1 de julio de 2008

intruso, latoso, molesto...

El inmigrante está visto como un atopos, es decir, un sin lugar, un desterrado, un inclasificable, ni es ciudadano ni es extranjero, ni está al lado de si mismo ni al lado del otro, esta fuera de si, se ubica en ese espacio bastardo del cual habló Platón: esa frontera del ser y del no ser social; desterrrado en el sentido de impertinente e intruso, latoso, molesto, estorbo, que genera dificultades, hasta tal punto que la ciencia encuentra obstáculos en pensar la inmigración, y cae siempre sin mucha conciencia de ello en los tópicos del discurso oficial que reproduce muchas veces un discurso criminalizador racista y xenófobo.

Generalmente este discurso explota la idea de rechazo al extranjero mediante una falsa ecuación que identifica inmigración con desempleo, delincuencia, e inseguridad ciudadana.

Doblemente rechazado en su sociedad de origen y en la sociedad de acogida, nos obligan a replantear por completo los fundamentos de la ciudadanía y la relación entre el ciudadano y el estado. La nación o la nacionalidad. Doblemente ausente del lugar de origen y del lugar de acogida, nos lleva a criticar las actitudes de rechazo tomando al estado como máxima expresión de la nación. Rechazo que pretende fundar la ciudadanía sobre la falsa generosidad asimiladora de la educación y esconder un chauvinismo universal.

El inmigrante en la tierra del exilio no es más que una persona desarraigada, despojada de toda ubicación en el espacio social.

Prólogo de Pierre Bourdieu a la obra de Abdemalek Sayad:"La doble ausencia. De las ilusiones del emigrado a los sufrimientos del emigrante"

viernes 13 de junio de 2008

Elegante y vulgar

Este parrafo refleja en pocas palabras mi visión sobre el 99 % de las cosas:


"Los elegantes viajan sin moverse. Los vulgares se mueven y no viajan. Los elegantes no se enamoran. Los vulgares creen hacerlo. Los elegantes son indiferentes. Los vulgares resentidos. Los elegantes consumen drogas. Los vulgares con la misma intensidad que las atacan. Los elegantes no acuden a las urnas. Los vulgares sin falta. Los elegantes sueñan en cuarta dimensión. Los vulgares no se acuerdan de sus sueños. Los elegantes ríen a sus muertos. Los vulgares los lloran. Los elegantes no hacen cola. Los vulgares es lo único que tienen. Los elegantes sonríen. Los vulgares fingen. Los elegantes no usan perfumes. Los vulgares se bañan diario. Los elegantes susurran. Los vulgares gritan. Los elegantes se embriagan. Los vulgares se emborrachan. Los elegantes menean la cabeza frente a las guerras. Los vulgares las hacen. Los elegantes hacen el amor. Los vulgares fornican. Los elegantes ven la vida a color. Los vulgares en blanco y negro. Los elegantes le rinden culto al sol. Los vulgares se insolan con su contacto. Los elegantes no se aburren con la poesía . Los vulgares la creen divina. Los elegantes viven el momento. Los vulgares se sienten culpables."

(Extraído de http://www.fotolog.com/elmenoresfuerzo/32265607)

israel

lunes 26 de mayo de 2008

Soy sociólogo

Existe un chiste entre los estudiantes de sociología que dice más o menos así:
Un sociólogo decide emprender un viaje a lo largo y ancho del país para conocer la "realidad social" de primera mano, alejado de tabúes teóricos e ideas macroscópicas. Sale de la ciudad y va por el campo. Se detiene a descansar después de cuatro horas de conducción y ve en la lejanía a un pastor con su rebaño y se dice a sí mismo que este es el momento de poner en práctica la supremacía intelectual de la sociología. Se acerca al ciudadano rural y le dice:
- Buenas tardes, mire, yo le puedo decir cuantas ovejas tiene sin necesidad de contarlas - se jacta con pose napoleónica.
- ¡No puede ser! - dice el pastor anodadado.
- ¡Sí señor!, es más, incluso le apuesto una de sus ovejas, espere un momento - va el sociólogo a su coche, saca un ordenador portátil, un teléfono móvil y un par de hojas con apuntes de sociología rural. Llama a un amigo que se dedica al estudio teórico de la desaceleración socioeconómica estructural entre el campo y la ciudad y a otro que trabaja en el ministerio de agricultura. Hace apuntes y cita a algunos autores franceses. Al cabo de veinte minutos vuelve con el pastor y le espeta:
- ¡Usted tiene 32 ovejas! - a la vez que se inclinaba para coger a uno de los animales.
- ¡Cosa del diablo! ¿Cómo es posible? - gritaba el pastor mientras se secaba el sudor de la frente.
- ¡ah, secreto profesional! - decía el sociólogo mientras se disponía a seguir con su periplo de turismo sociológico.
- ¡Espere! - digo el pastor. - Usted gano la apuesta, no se lo niego, pero le juego la oveja que se llevo y lo que traiga en el bolsillo a que puedo adivinar su profesión -.
- ¡Perfecto! - digo el profesional de la ciencias sociales pensando en la maravilloso que sería cocinar a fuego lento a otra oveja y en el remotísimo hecho de que el campesino supiera lo que era.
- ¡Usted es sociólogo! - dijo tocándose la nuca en tono humilde.
- ¡Qué! ¿Pero cómo es posible? ¿Cómo lo supo si no le he dado mi tarjeta? - dijo estupefacto.
- Pues es muy fácil, pero le va a costar ese teléfono sin cables que utilizó hace un momento - ese teléfono sin cables era de última generación y le había costado al sociólogo una semana entera de trabajo.
- Sí, sí, lo que sea, ¡pero dígame cómo lo supo! - dijo exaltado olvidándose de todo lo demás.
- Pues muy fácil hombre, mire, primero: porque vino a ofrecerse para algo sin que le llamaran; segundo: me dió información que yo ya sabía; tercero: porque obtener esa información le llevo más tiempo que si lo hubiera hecho manualmente; cuarto: porque esa información no me sirve para nada y quinto: porque en lugar de llevarse a una oveja se está llevando a mi perro, ¡idiota!.
Algunas veces es bueno reírse de uno mismo.

lunes 12 de mayo de 2008

El reino potencialmente tranquilo

Ayer te vi allí parado
Con la mano contra el cristal
Mirando por la ventana
La lluvia

Y quería decirte
Que tus lágrimas no eran en vano
Pero me imagino que ambos sabíamos
Que nunca seríamos los mismos
Nunca sería lo mismo

¿Por qué tenemos que guardarnos estos sentimientos?
Los leones y los corderos deben tolerarse

Quizás algún día seamos lo suficientemente fuertes
Como para reconstruirlo
Reconstruir el reino potencialmente tranquilo
De nuevo
Reconstruirlo de nuevo

¿Por qué tenemos que guardarnos estos sentimientos?
Los leones y los corderos deben tolerarse

Quizás algún día seamos lo suficientemente fuertes
Como para reconstruirlo
Reconstruir el reino potencialmente tranquilo
De nuevo
Quizás algún día seamos lo suficientemente fuertes
Como para reconstruirlo
Reconstruir el reino potencailmente tranquilo
Reconstruirlo de nuevo

Reconstruir el reino potencailmente tranquilo
Reconstruirlo de nuevo









Tomo prestadas tus palabras Patti Smith.

domingo 4 de mayo de 2008

Mayo de 1968: la ilusión del siglo XX

Cuando Theodor Adorno fue consultado en 1969, acerca de su postura en los movimientos estudiantiles del año anterior, en concreto el de París y el de Praga, él sorpresivamente para sus interlocutores (quienes presuponían la asunción por parte de Adorno del liderazgo intelectual de dichas manifestaciones) despotricó contra el movimiento; alegaba la incapacidad teórica de los propios activistas, su ignorancia y la nula oportunidad que presentaban las circunstancias para una transformación social de fondo.

¿Cómo podía ser posible que Adorno, la gran figura rebelde sobreviviente del Instituto de Investigaciones Sociales (después de la desaparición de Max Horkheimer) negara ahora la posibilidad del cambio social? ¿A eso había llegado ya el desarrollo de la teoría marxista, que siempre pugnó por una sociedad cualitativa y cuantitativamente distinta? Los argumentos de Theodor Adorno para rechazar las pretensiones del movimiento estudiantil por la revolución social se apoyaban en premisas que él siempre defendió; no era para él extraño el surgimiento de una nueva fuerza política que, así fuera motivada por la injusticia, lograría cambios sociales y se instalaría en el poder por puro voluntarismo, sin orientación, y encaminada finalmente, a la barbarie.


jueves 24 de abril de 2008

Its Monk´s Time

- Sí, ese me lo trajo mi tío de Estados Unidos - dijo Nair de forma algo tajante. - No se que es lo que le pasaba a esa gente durante esos años, ni me interesa comprenderlo, solamente se que me gusta escucharles y dejarme llevar por el ritmo - seguía argumentando su interés por el bebop, ahora con su tono de voz normal, que era suave y lineal, ese que encantaba a Marcus, quien no podía dejar de mirar las manos de ella mientras tocaban -casi a modo de susurro- las portadas de su querida colección de discos. - mmmm, dime pequeña ¿has escuchado a Thelonious Monk? - ella respondió negativamente moviendo su cabeza de izquierda a derecha, - pues prepárate, porque esta noche será especial- dijo él mientras empezaban a sonar las primeras notas de Its Monk´s Time.

miércoles 2 de abril de 2008

irse (2)

Estaba decidido a traspasar fronteras, no una ni dos, sino muchas, las que fueran, las que se cruzaran en mi camino, eso era lo único que pensaba la noche en que me fui. No sabría dónde o cómo ubicar el nacimiento de la idea de emigrar, aunque si hago un ejercicio de reflexión retrospectiva –difícil cuando la hace uno mismo sobretodo- creo que fue gracias a las clases del doctor Herrera. Él, profesor universitario y amante insaciable de la cultura europea, nos decía en la facultad de humanidades que poco podíamos hacer en una sociedad donde no se aprecia el talento de los jóvenes humanistas, que lo mejor era irse y jugar a ser un bohemio en las calles de París o de Londres, que desafiáramos el destino y nos inventáramos una excusa para salir de la cloaca nacional, tal y como el no lo hizo porque se lo impidió una boda fortuita y el peso de su entorno familiar.

A partir de ahí, la idea de salir y viajar se apoderó de mi porvenir, no pensaba en nada más, no quería conocer a una chica guapa que me atrapara entre sus redes y que me hiciera conjugar el verbo querer en el lenguaje del amor juvenil. Pensaba, hacía planes, ahorraba dinero. Por las noches, antes de dormir intentaba memorizar los usos y costumbres de los países que me interesaban, me veía a mí mismo recorriendo las calles que alguna vez pisaron todos los escritores que leía. Supongo que todo esto se alimentó, cual vil copo de nieve que desciende por una montaña nevada y que termina convirtiéndose en avalancha, por mis ansias de no querer ser como la gente de mi alrededor, en especial de mi familia, los cuáles no creían que el sol se pusiera más allá del enorme cerro que adorna mi ciudad natal. Con el tiempo me daría cuenta de que me equivocaba; la sangre es la sangre, por más campechano que se escuche, y no hay nada que la pueda disipar del todo a lo largo de nuestra existencia.