lunes 16 de marzo de 2009

Earl Hines



“Ronald no podría tocar jamás el piano como Earl Hines, en realidad Horacio y ella deberían tener ese disco y escucharlo de noche en la oscuridad, aprender a amarse con esas frases, esas largas caricias nerviosas, I ain't got nobody en la espalda, en los hombros, los dedos detrás del cuello, entrando las uñas en el pelo y retirándolas poco a poco…”.

Julio Cortázar



Earl Kenneth Hines fue uno de esos pianistas raros y heterodoxos que no fue comprendido del todo en su tiempo. Inició su carrera en el "Louis Armstrong Stompers", en donde empezó a hacer del piano una factoría de ritmos que marcarían el devenir del jazz norteamericano, es por ello que de él se decía que era el eslabón entre el jazz –mal llamado- tradicional y el moderno.




Nunca fue un músico mainstream, de hecho a mediados de los cincuenta se retiro a tocar en un pequeño club de California, no retornando al circuito de los grandes sino hasta mediados de la década de los sesentas. Charlie Parker y Dizzy Gillespie fueron algunos de los compañeros y discípulos de “Fatha”, aquel que tocaba jazz antes de que este término fuera inventado, aquel que amenizaba las tardes de los personajes de la Rayuela de Cortázar.


Escucha Once upon a time

sábado 21 de febrero de 2009

Marina (VI)


...y dijiste:


- Estoy pedo, he bebido mucho y sólo quiero bailar. Tú lo harás, baila conmigo mi mexicanito de porte serio, porque hace mucho que no sentía la desazón que siento esta noche y que no se cómo pero parece que me consume cada vez más y más, y porque no tengo con quién hacerlo, el imbécil de mi curro no está aquí…baila conmigo, me gusta mucho tu boca, ¡ aaaahhh !, hace tanto tiempo que no me sentía tan feliz -. A lo que yo respondía casi mecánicamente con un simple “okey, okey”. Después de mis aventuras nocturnas, sabía que por las noches las muchachas españolas abren sus fauces y devoran lo primero que encuentran en su camino. El resto ya lo sabes, al minuto de decirte mi último “okey” me besaste y yo lo único que hice fue dejarme llevar, según avanzaban las canciones nos besábamos más y más hasta que me propusiste ir a tu casa. Hicimos el amor dos veces y así durante todos los días de los siguientes tres meses, ya para esas fechas nos escribíamos mensajes tipo “Los enamorados son como los sonámbulos: no ven sólo con los ojos”, ¿Lo recuerdas Marina? ¡Era demasiado bonito!. El tiempo parecía detenerse y con ello mi vida, por que la tuya siguió igual: trabajo, salidas los fines de semana con tus amigos y novio consorte de lunes a jueves. No me quejo, lo volvería a hacer una y otra vez sin pensarlo, pero esa radicalidad mía por joder los formalismos y tu falta de sensibilidad nos llevó a ni siquiera dirigirnos la palabra, a lo que somos ahora.


Me tengo que ir, la jornada empieza ya, no tengo ninguna gana de ir al pinche restaurante, la rutina me esta haciendo añicos el ánimo. Esta carta no es un monólogo, no sé si tiene algo que ver con el amor aunque si con lo cotidiano o lo extraordinario, según se mire. Estaba pensando en decir algo muy profundo tipo: "la soledad es mi mejor amigo" incluso mejor decirlo en francés: "a solitude est mon meilleur ami", por eso que decías que esa lengua siempre suena más seria; incluso lo banal en francés suena maravilloso. Me voy Marina, yo no me he inventado tu nombre para darme uno propio, porque cada uno es el protagonista de su propia novela. Lo tuyo y lo mío, cada uno a su manera tal vez, pudo ser mejor, pero que se le va ha hacer.


sábado 7 de febrero de 2009

Marina (V)

Creo que me he equivocado, sí que creo saber a dónde quiero ir, quiero volver al pasado, quiero retroceder en el tiempo e ir a la noche en la que nos conocimos ¿la recuerdas?. Te conocí en “El pecado”, no por la transgresión y el defecto -que vendrían después- sino por que era el único bar que permanecía abierto hasta el amanecer todos los martes, cuando empezaban a llegar los taxistas. Recuerdo que ese día estuviste bebiendo margaritas con tus amigos en el restaurante, el cubano no dejo pasar la oportunidad y empezó a charlar con Celia y a decirle lo mismo que a todas: que bonito se vería su figura reposando en las playas de Varadero; que ella podría caminar a mitad de la noche y él la encontraría por el brillo de sus ojos y demás pleonasmos que llegué a memorizar. Mientras, yo iba y venía de la barra a la cocina y apenas pude cruzar palabras contigo y con tus animados colegas que disfrutaban de lo que es ser un joven profesional urbano en una ciudad como Madrid mientras hablaban mal de un tercero que obviamente no estaba entre ustedes. He de reconocer que no me impresionaste.


Fin de jornada y dado que la técnica “playa cubana” había funcionado nos dirigimos derechito a “El pecado”. Yo me sentía cansado pero aun así me decidí a seguirlos, no quería llegar al sitio donde vivo y ver las películas pornográficas de la madrugada como solía hacer antes de conocerte. Tras la repartición de bebidas yo me tumbe en el sofá más próximo y me encerré en mi mutismo de siempre, en realidad era hartazgo nocturno, y veía como los grupos se entremezclaban al compás del afro-beat que sonaba en el bar. A medida que la noche se consumía, tú te sentaste a mi lado y dijiste - ¡Qué carácter! – con esa sonrisa de chica inocente, yo no pude sino contestar – ¿De qué hablas? -. Charlamos sobre menudencias e intercambiamos información vital, sobre todo del tema laboral y del stress que produce cuando lo tienes y de lo aburrido que resulta no tenerlo. Acto seguido me invitaste a bailar porque ya era muy tarde y nadie te lo había pedido, yo acepté más que nada por educación que por otra cosa. Fue a partir de ese momento, en que me pediste que bailara a la mexican way of life, es decir, muy pegaditos el uno del otro, en el que me di cuenta que eras guapa y que estabas muy susceptible en cuanto al cariño masculino, si de entrada me hubieras dicho que el chico aquel primero te dijo que sí y después que no, mi reacción hubiera sido la misma. Cuando yo estaba hablando sobre lo difícil que me resultaba seguir tu ritmo, me tapaste la boca con la mano izquierda y dijiste:

martes 27 de enero de 2009

Voodoo Suite de Pérez Prado

Existen artistas inclasificables, personajes a los que la historia coloca etiquetas y que son recordados como “el rey de”, “el padre de” y demás menudencias. Es el caso de Dámaso Pérez Prado. Ligado de forma intrínseca al mambo –del que se considera su máximo exponente-, la versatilidad del cubano es una asignatura musical pendiente de la cual se puede aprender mucho.


Partiendo de la rumba y la salsa, Pérez Prado ideó una serie de ritmos que plasmaría en discos de poca repercusión comercial y que incluso podrían considerarse como atrevimientos para un artista de su categoría. Voodoo Suite es una muestra de ello. Grabado en 1954, nos ofrece una serie de canciones impregnadas de mambo, free jazz y percusiones africanas que parecieran crear una atmosfera oscura, que envuelve y que irreductiblemente nos arrastra a escucharlo de manera nocturna, porque a medida que suenan las trompetas, se relaja el cuerpo y se comparten confidencias. Único en su especie.


Escucha y comparte Voodoo Suite.





sábado 17 de enero de 2009

Marina (IV)

Y es que tenías razón, al final era verdad Marina, el futuro no existe, yo me reconforto pensando en que existe de forma incipiente, pero a la vez de forma inocua, porque el mío no combina con el tuyo. Todo esto me recuerda a algo de un libro que leí hace poco, no se si te lo había comentado en alguna llamada o mejor dicho, en los escasos segundos que hablamos hace ya un par de meses, pero me he convertido en lector contumaz, en teoría ya lo era por haber perdido el tiempo con una carrera de humanidades y tal, pero como sabes, he decidido dejar de lado mi carrera profesional y dedicarme al estudio de las cosas que más me interesan. Pues bien, sacando a colación el tema del futuro, me gustaría decirte que en “Guerra y paz” de Tolstoi, éste pretende mostrar que la historia es un mar de pequeños acontecimientos cuyas consecuencias no pueden predecirse, la vida de cada uno de nosotros, así como la historia universal, están sumidas en medio de un caos que es imposible controlar, por esta razón nuestras acciones pocas veces tienen las consecuencias esperadas. Por más que me cueste admitirlo, existe en el mundo una conjunción de miles de factores que determinan como las cosas ocurran como finalmente ocurren, llámalo justicia cósmica o ley divina o lo que quieras. Es aquí donde viene la principal curiosidad: tanto tú como Tolstoi mantienen una repulsa expresa por Napoleón y sus ínfulas de estratega militar capaz de controlar a todos y a todo. El futuro, al menos el tuyo, ni se escribe ni se predice, simplemente se vive, el mío parece más bien un proceso lineal, algo así como la idea de progreso que se tenía en la ilustración, el cual me gustaría que fuera en ascenso, pero la verdad es que ya no se a donde va.

No se a dónde voy ni mucho menos por qué quiero ir, lo único que se es que estoy en España, indocumentado y con un trabajo de mierda, pero al menos ya es algo, siento que he hecho algo; porque después de una ruptura o de una crisis personal, uno debe recoger las cosas que se le han caído al suelo y volver a empezar, esta onda de reconstrucción nace de la pérdida, y no me refiero sólo a una pareja, puede ser también un hijo, un perro o una maleta, y conlleva sobretodo un vía crucis emocional, pienso que lo estoy viviendo porque siento que no salgo del laberinto que yo mismo he creado, es como si la vida que vivo no fuera realmente la mía.

(Para ti, amable "desconocida" que no deja mensajes).

domingo 14 de diciembre de 2008

Marina (III)

Cuando hablaba de eso que le daba felicidad los fines de semana, yo recordaba esos momentos que me hacían feliz junto a ti. Como cuando hicimos nuestra propia tragicomedia en el coche de tu hermano el día que fui a conocer a tus padres. Ya que ha pasado tiempo y que ya no tiene sentido recordarlo, prefiero utilizar la imaginación y recrear ese momento a mi manera. Conducías con prisa y sin pausa porque no querías llegar tarde, desde que salimos de Madrid empezaste con esas frases intermitentes que siempre te acompañan en momentos de tensión, y para calmarte –o contenerte- yo encendí la radio, que funcionaba de forma manual porque era símbolo de la nostalgia de tu hermano hacía los últimos años de la década de los ochenta, y comencé a cambiar de emisora intentando encontrar alguna melodía que te gustara, sin embargo, las emisoras iban pasando y en cada una lo único que lográbamos escuchar eran trozos de canciones, frases sueltas y gags comerciales, entonces súbitamente comenzaste a reír de forma muy leve, como si quisieras esconderme el motivo de tu congratulación, fue justo cuando logré sintonizar esa canción pop que decías que te recordaba a tu novio de instituto, yo no me sorprendía, ya se sabe que la gente con un poco de sensibilidad hace de algunas canciones la banda sonora de su vida y es inevitable que nos evoquen situaciones, ambientes o personas.

Dado que la humillación gratuita es algo que no me gusta, no hice ningún comentario al respecto porque esos pedazos de tu pasado son cosa tuya. Después te dije que si te gustaba esa canción podría dejar esa emisora, tú dijiste que no, que esa podría ser la emisora del pasado y que a veces era mejor invocarlo pero no removerlo, yo no lo entendí muy bien pero te dije que eso no importaba porque el punto es tratar de centrarse en el futuro. No lo hubiera dicho, el exabrupto que tuviste se me ha grabado en la memoria tan nítidamente como la silueta de tu cuerpo. Sin embargo descubrí algo interesante: a través de las canciones que sonaban en la radio podríamos vislumbrar el futuro. Te empecé a hablar sobre el hecho de que si la canción pop que acababa de terminar te recordaba a tu amor de instituto, seguramente la que le seguía te recordará a mí en algún momento. Me dijiste que era una estupidez, y seguramente lo sea, pero desde ese momento yo asocio Wonderwall de Oasis con el gesto burlón que hiciste cuando te dije lo de que el futuro es lo importante. Dado que estaba lo suficientemente nervioso para discutir contigo, opté por mi “estrategia caracol”, la que conocías bien, y que no es otra cosa más que cerrar mi coraza y retraerme en mí mismo, sin decir nada, sin soltar prenda, sin opinar. De repente me dijiste que la advertencia del futuro lo hecha a perder, que era como esos rollos raros míos sobre el Apocalipsis y las trompetas de los ángeles invisibles, tú sabiamente reconocías que el futuro no se puede anunciar y me lo dejabas en claro cuando cambiaste de emisora y de tu boca salió eso de que “el futuro no existe, idiota”.


lunes 10 de noviembre de 2008

"Buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo confusamente que tienen una".

Voltaire