miércoles, 13 de junio de 2007

Dilema del prisionero

En sociología, los dilemas son planteados desde la perspectiva de que existen diversas maneras con las que nuestros intereses se contraponen a los de los demás. Diariamente hemos de tomar decisiones, a veces con resultados distintos de los que habíamos esperado. ¿Existe un comportamiento racional para cada situación? En 1992 fue publicado el libro El dilema del prisionero, de William Poundstone, que analizaba este tipo de cuestiones a la luz de la teoría de los juegos.

El dilema del prisionero ha sido reeditado gracias a su actualidad. Así que me gustaría presentar algunos ejemplos, que si bien no se basan en datos concretos (recordemos que sin dichos “datos concretos” la sociología se queda en mera literatura), por lo menos me parecen escrupulosos:

Un hombre iba a cruzar un río con su mujer y su madre; en la orilla opuesta apareció una jirafa. El hombre sacó su rifle y apuntó, mas la jirafa le dijo: “Si disparas, morirá tu madre; si no disparas, morirá tu mujer”. ¿Cuál debería ser el comportamiento del hombre?

Usted y una persona amada son situados en habitaciones separadas provistas de un pulsador. Saben que matarán a ambos a no ser que uno pulse el botón antes de una hora; además, la primera persona que accione el pulsador salvará a la otra, pero morirá inmediatamente. ¿Qué decisión tomar?

Existen situaciones en las que uno decide salvar a otro a expensas de la propia vida. Un padre o una madre podría salvar a un niño basándose en que el niño, dada su juventud, tiene mayores expectativas de vida. Sea el que fuere el criterio usado, y sabiendo que ambas personas no tendrían el mismo, hay tres desenlaces posibles: el caso menos angustioso es cuando ambos coinciden en quién debe sacrificarse y quién salvarse; entonces, aquél debería pulsar el botón para salvar al otro. Una segunda posibilidad es que ambos decidan salvarse el uno al otro; una madre decide salvar a su hija, a la que quedan más años de vida, y la hija decide asimismo salvar a su madre, pues ésta le dio la vida. En este caso se compite por ser el primero en pulsar el botón. La opción más conflictiva surge cuando ambas personas deciden que ella misma es la que debe salvarse; entonces nadie pulsa el botón, y el reloj marca el tiempo, que pasa de modo inexorable. Esto es el dilema, ¿cómo avanzar en una situación en la que el conflicto se basa en dos posiciones antagónicamente positivas?

La teoría de juegos, que es la esencia del Dilema del prisionero, estudia la pugna entre unos oponentes que piensan y que pueden ser capaces de engañar al otro. La vida colectiva siempre es un juego, un sinuoso camino lleno de decisiones que marcan nuestra biografía. Sin embargo, un “juego” siempre es una situación conflictiva en la que uno debe tomar una decisión sabiendo que los demás también las toman, y que el resultado del conflicto se determina de algún modo a partir de todas las decisiones. Algunos juegos son sencillos; otros llevan a una escalada recurrente de segundas intenciones.
El dilema del prisionero ha pasado a ser una de las cuestiones filosóficas y políticas centrales de nuestro tiempo. Los que se dedican a su estudio han llegado a una pregunta central: ¿hay alguna forma de estimular el bien común en ese dilema? El intento de responder a esta cuestión es uno de los mayores retos de nuestra era. ¿Lo veremos pronto?, de ser así ¿cómo y donde será posible?.

Israel

8 comentarios:

Te lo dice Kaspar: dijo...

...la actualidad de esta edición quizá se debe a la creciente inclusión de licenciados en antropología y sociología en el mundo laboral: en los siniestros departamentos de "Recursos humanos" (sic). Hace poco oí una conversación en la que un chico contaba a sus amigos su periplo de entrevistas de trabajo,y su sorpresa ante este tipo de preguntas hechas en ese entorno. Que dependa de la respuesta -que por otro lado, debería ser un debate, y entre amigos- el conseguir el puesto de trabajo, o mejor dicho, que alguien que no te conoce de nada y que atiende exclusivamente los intereses, la productividad de una empresa, pueda juzgarte moralmente haciendo uso de preguntas-trampa de ese calibre, pues me parece una hijoputez.

Añado que, en cualquier caso, el planteamiento de dichas preguntas como ejercicio, resulta inútil, puesto que se plantean situaciones límite, en las que ya se sabe que la reacción puede ser muy distinta a la que pensábamos.
(Recomiendo la lectura de Sobrevivir: el holocausto una generación después" de Bruno Bettelheim, en el que se relatan y analizan reacciones ante una situación límite.)

Franziska dijo...

¡Qué buen tema pero también qué complicado! A mí me parece que la manera de salvar a la madre y a la mujer es no cruzando el río. El segundo ejemplo ya no es nada claro. Una vida la salva la generosidad del otro. Es la única solución que yo encuentro.

Franziska dijo...

Por cierto, mi blog ya no se llama el rincón de raitán. Me fue cancelado. Ahora estoy en:
elnidodelpetirrojoparlanchin.blogspot.com

por si lo quieres modificar. Gracias.

mario dijo...

Me gusta mucho esa visión de la vida colectiva como un juego. Pienso que nunca deberíamos perder ese componente lúdico en nuestras relaciones sociales y que desgraciadamente, con tanta competencia y tanta hostia muchas veces olvidamos.

En cuanto a las decisiones morales, desgraciadamente la ética dista de ser una ciencia exacta en tanto que maneja tantas variables que hacen muy difícil acertar. Me gustan mucho ese tipo de historias de fantaficción, al estilo "En los límites de la realidad" en las que una acción noble y bienintencionada desenvoca en catástrofe. Al estilo "un hombre salva la vida de un recien nacido que con el correr de los años se convierte en un tirano". ¡A errar sin temor que es lo nuestro!

Patrice dijo...

Si es que siempre tomamos la decisión equivocada, o eso nos parece durante un momento... Aunque después se revele como correcta (o no)...

Así que, ¿quién sabe? Y me remito a algo que escribí yo misma en mi blog... ¿Cuál es la decisión correcta? ¿por qué? ¿correcta para quién? Y si la más fácil "nunca es la correcta", díganme por favor cuál es la más fácil para, por lo menos, saber que no debo escoger esa!

Un saludo!

http://contraportada.wordpress.com/2006/09/19/aprendiendo/

Te lo dice Kaspar: dijo...

Alo??!!! hay alguien ahí??

aquí un güey esperando como un güey...

Miguel B. Núñez dijo...

vaya, me rindo con este tema... en mi opinión nada de esto tiene que ver con la vida real, como ya ha dicho Kaspar, y eso me aleja profundamente del tema. Vamos que, en caso de que algunos de estos casos ocurrieran en la vida real de poco importaría hacer ahora algún tipo de juego con la posibilidad del "y si..." porque llegado el caso de nada servirían nuestras conjeturas en frío. Podemos escribir mil libros sobre qué haríamos si tal o pascual, pero aunque contestasemos a todas esas preguntas con el corazón en la mano... creo que eso no diría nada sobre nosotros. El tema es interesante desde el punto de vista artístico, pero me parece exagerado tomarlo por una cuestión central de nuestro tiempo. Ademas ¿qué hay en nuestro tiempo que no haya habido siempre?

Anónimo dijo...

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