viernes, 6 de julio de 2007

Cocinar: relación libre y placentera.



La cocina, como todas las actividades que realizamos es un acto social. Sin embargo, en las sociedades actuales, el hecho de cocinar supone un aspecto lúdico-festivo de la vida moderna. El significado de cocinar, es decir, lo que la antropología nos enseñó como la transformación de la materia prima que nos brinda la naturaleza, ya no tiene su eje en la mera subsistencia, sino en comer alimentos que satisfagan el espíritu, a la par que se crea el “ritual del comer”, sea lo que sea que eso signifique.


Cocinar no sólo es transformar los alimentos, ni siquiera dedicar tiempo a la preparación de platos que al final serán engullidos en el ritual de la comida o la cena, es también un medio de expresión de ideas, cuerpos, mentes, alternativas, culturas, tradiciones; de alimentos que una vez preparados son socializados –y devorados con gusto-, a través de lo cual cumplen la función de lograr la interrelación entre los comensales.


Sin embargo, yo quiero ir más allá, por experiencia personal deduzco que la cocina es un salvoconducto a la felicidad, y eso dadas las condiciones actuales ya es mucho. Vázquez Montalbán escribió por ahí que, la reflexión sobre la cocina -otra manía de nuestro tiempo, pensarlo y reflexionarlo todo- sólo puede hacerse desde el desenfado, aunque esta declaración de principios implique el riesgo de ser señalado como partidario de la felicidad. Ser partidario de la felicidad implica un ejercicio de desalienación constante. Cocinar es saber gratuito allí donde lo haya, reivindica ese espíritu lúdico e incluso solidario que implica el interés por cocinar para uno mismo o para otros. Como siempre, debemos estar alertas, ese espíritu se ve amenazado por la toma de posición gastronómica, por el sectarismo y el dogma de aquel que cocina, que al final le convierte en un pedante árbitro de algo que no debe ser reglado.


Cocinar, relación libre y placentera con el comer (de preferencia acompañado) como goce en el que participan la espontaneidad, la cultura, el azar y la necesidad.


Israel

19 comentarios:

Raquel Márquez dijo...

Sí, señor, viva comer y cocinar.

Aunque comer y cocinar son cosas que se pueden hacer solo, cuando las hago con gente desde luego parecen alcanzar su máximo sentido...

... Si es que eso del sentido tiene algún sentido.

Elena dijo...

Y tu, ¿a qué viene esa campaña publicitaria por los blogs?

mario dijo...

Totalmente de acuerdo con Raquel. Servidor vive solo y, vaya, si no cocino mal asunto. Pero el máximo esplendor se obtiene al poder compartirlo con otros. Siempre que sea con "otros" que uno decida (no hay cosa más contradictoria que una comida de trabajo). Otro caso más en el ser humano de "hacer virtud de la necesidad".

Te lo dice Kaspar: dijo...

...pues que no cocino yo mucho últimamente, aunque hubo un tiempo en el que disfrutaba haciendo cenas en casa e invitando a amigos que no tenían nada que ver unos con otros, y las conversaciones y los vínculos que se creaban, manjares mediante, pues eran más que interesantes.
Recuerdo que me plantaba en el mercado y pensaba en las personas que iban a venir, y así iban surgiendo los ingredientes de los platos, siempre distintos e irrepetibles, como las veladas...

(Rodaré, con unos amiguitos, un corto en Valencia. Ahora ya no cocino, pero sí cocineo!!)

Lili Evil dijo...

Un amigo me dijo que le gustaba cocinar desnudo, en compañía de su pareja. De esa manera podemos confirmar las palabras antes escritas de que "deduzco que la cocina es un salvoconducto a la felicidad".

Mañana escribo más, es que mi panza ladra de hambre y hay un menudo que desea ser calentado para especialmente para mí.

Amanda Vázquez dijo...

Aprendes a comer decente cuando compruebas que la independencia a base de pasta con tomate no es es suficiente.

Nos ilustras con alguna recetilla??

Amanda Vázquez dijo...

Uala!! Muchas gracias por la receta!

Ahí va otra:
Jamón de york en lonchas
pan bimbo
leche
caramelo
tranchetes
En un molde de budín para micro cubre la base con caramelo, y cubre las lonchas dejando "colgar" por fuera una parte. Ve rellenando con pan untado en leche sin corteza, y capa de tranchetes. Haz varias capas, cubre con el jamón que colgaba, tapa con film transparente y mete al micro 3 minutos. Mete en agua fría para desmoldar y sirve.

Raquel Márquez dijo...

Jeje, y se aprenden recetas, ¡blog útil vale por dos!

Y ahora que leo los comentarios soy yo la que está de acuerdo con Mario: las comidas de trabajo son casi una aberración, y mira que ahora trabajo con gente que me cae especialmente bien. Lo bárbaro es lo de no elegir con quién comes, porque comer para mí es de lo más íntimo que hay.

Recuerdo siempre como una frontera significativa con alguien la primera vez que nos vimos comer.

Miguel B. Núñez dijo...

me acabo de zampar un bocata de mortadela... no sea cocina de altos vuelos, pero me he quedao como un señor!!

Respecto al principio de tu texto me ha chocado lo de que todas las actividades que realizamos son un acto social. Hacerse pajas es una actividad y no es un acto social... ¿o sí?

Jugar a los videojuegos tampoco, pero yo en realidad juego mucho en red, que sí que es un acto social!

:)

Raquel Márquez dijo...

Hacerse pajas es un acto social si le pones nombre a tus genitales. "Vamos, Rosaura, al tema, que ya te toca": un acto social. Si te contesta ya es un acto hasta político.

Patrice dijo...

No lo había pensado nunca, Raquel, lo de lo significativo de comer por primera vez con alguien, y fíjate que me he dado cuenta que yo también lo "guardo" un poco; resulta súper raro cuando de repente te encuentras comiendo con alguien que no te apetece, que no te esperabas o algo similar....

Y cambiando un poco de tercio, tengo un amigo al que le da pena ver comer a la gente, da igual que la conozca o no... ¿esto es grave, no creen, doctores?

Un beso.

humbert humbert dijo...

jope, gravisimo creo yo... al menos pa mirarselo!!!

Raquel Márquez dijo...

Anda, qué extraño, ¿le da pena ver comer? No soy psicóloga pero suena raro-raro, ¿no?

Estoy pensando que al Núñez yo le vi comer en seguida, y todo fue muy natural. Y llevamos comiendo casi cuatro años, tela! Venga blog-cotilleo, vennnga.

Te lo dice Kaspar: dijo...

darle a uno pena algo: avergonzarse
no, Patrice?

(sin duda tiene que ver con lo sexual, está directamente relacionado: se consigoue placer metiendo cosas por el agujero, osea que tu amigo tiene un lado oscuro en ese sentido...)

lo siento, toy toa garrula!

Patrice dijo...

Ja ja, Kaspar, nunca me lo había planteado así...

De todos modos no es una pena en el sentido de vergüenza ajena, es más bien un poco compasiva, un poco afligida... no sé.

Pero estoy de acuerdo en que segurísimo que tiene un lado oscuro ese sentimiento...

Un saludo!

moraliaminima dijo...

Kaspar y Patric: yo estoy completamente seguro de que ese signo de verguenza tiene un oscurísimo atenuante sexual, digo, no le conozco, pero es una "patología" muy sexual oigan que quieren que les diga.....lo que veo aqui es que mucho hablar y poco comer asi que, animaros a quedar pa una cenita o argo....

j ngmt dijo...

La cocina es pura alquimia, yo que soy dado al tema (y admirado en mis círculos) no soporto cocinar en compañia, me enerva; soy de los de "cocinar para".
Para la preparación soledad y tiempo para el disfrute de la manduca siempre compañia.

Franziska dijo...

Me complace la incorporación masculina a la cocina no profesional. Cocinar es un trabajo arduo y desalentador cuando tu familia se lo traga mirando al televisor... Sin embargo, cocinar para los amigos es una fiesta porque no vienen todos los días a desayunar, comer, merendar y cenar. Queda claro.

Anónimo dijo...

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