viernes, 4 de diciembre de 2009

Buenaventura gaij


Se lo había dicho bien claro, le dije que no lo hiciera, porque en las noches de verano, justico después de la lluvia que cae tan ligera que ni se nota, la marea sube y el mar se pone bien bravo. La cosa es que el gringo no dejaba de gritar “Buenaventura gaij”, “Buenaventura gaij”, mientras corría de un lado a otro de la playa. Yo le veía desde el puesto de la nieve, porque ahora que vienen los gueros es cuando más se venden y eso nos da pa´ darle de comer a las gallinas hasta primavera, pucha, si hasta los perros callejeros del pueblo se ponen contentos cuando les ven, porque siempre se llevan un trocico de los pescados que dejan en el comedor. Como le decía, el gringo no paraba de gritar “Buenaventura gaij”, “Buenaventura gaij”, y le daba duro al bazuco que traía en la boca, si hasta lo levantaba con las dos manos y luego se lo llevaba a la boca como hace el padre Pedro con el vino y la ostia los domingos en la misa. Después se tropezó, seguramente con un tronco, y como el agua ya le llegaba a la cintura, pues no pudo levantarse de nuevo, yo me asusté, pero el gringo se levantó de nuevo y empezó a chapotear como buscando el cigarro que le hacía tan feliz, pero justo cuando pareció encontrarlo se volvió a caer y mientras el mar se lo llevaba yo nomás alcance a escuchar lo de “Buenaventura gaij”, “Buenaventura gaij” mezclado con unas risas que parecían de un loco. Así pasa todos los veranos, por lo menos hay uno al que se lo lleva la marea, a veces me gustaría saber que dicen, porque eso de “Buenaventura gaij” lo dicen todos los gringos que vienen por aquí.

1 comentario:

Luza dijo...

Coño! se me hace muy entretenido pero ummm entiendo mucho de nada.. igual me ha gustado muchisimo pasar por tu blog.
saludos!